Hacer mucho y sentir que no haces nada
- 30 ene
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Actualizado: 30 ene

Por Jessica Ventura
Este mes no he podido evitar sentir que hago mucho y no hago nada.
Ya estoy acostumbrada (no lo estoy) a la temporada de inicio de año en la oficina, y resulta ser curiosa. En diciembre tenemos que adelantar trabajo para poder irnos de vacaciones de forma tranquila y que con el regreso en enero sea no solo más fácil para los clientes, también para nosotras. Y según yo, siempre adelanto lo más que puedo, para que al volver tenga hasta tiempo de sobra.
¡Oh, sorpresa! En los años que he estado aquí, no lo he logrado.
Cabe aclarar que no me pasa solo en el regreso de enero, pero inevitablemente este tema llegó a mi mente y me pareció buen momento para hablarlo.
Últimamente me ha desgastado mucho todo esto. Me cuesta concentrarme, me cuesta llevar el ritmo, me cuesta hacer mis pendientes, me cuesta organizar mi tiempo, me cuesta. Unido a esto que les digo, que he tenido mucho trabajo estas últimas semanas, que he tenido muchas ganas por finalmente acabar todos mis pendientes y que ya toda esta presión se acabe, aprendí algo muy importante.
Ustedes y yo, vamos a aprender sobre la falsa idea de que la rapidez es sinónimo de eficiencia, que la culpa no es una emoción castigadora sino informativa, y cómo medir nuestro progreso de una forma más indulgente, tolerante y humana.
¿Se han dado cuenta de que me gusta mucho usar esa palabra? “Humano”. Te diré rápidamente que, se me hace una palabra universalmente bella. Es una palabra que nos enseña que no somos robots o máquinas programadas, que somos seres capaces del error, seres privilegiados con el error. Tenemos el delicioso privilegio de equivocarnos, y aprender de eso, de intentarlo cuantas veces queramos hasta tener el mejor resultado.
Que no se te olvide, jamás. Equivócate y di que yo te di permiso.
Recientemente tuve experiencias que me hicieron dudar de mi misma, me comparé y eso me hizo exigirme más de lo que mi proceso necesita.
Rapidez ≠ Eficiencia
Hace poco dentro de nuestro equipo de trabajo, había mucha presión en cuanto a entregas, sentí que dentro de mi lista de tareas se me juntó bastante pero si revisábamos cuántas, eran básicamente las mismas de siempre, más bien el tema era que con las vacaciones todo se reducía a un tiempo más ajustado.
Con mis tareas de siempre, sumadas a las nuevas tareas que marcan los cambios importantes en el nuevo año de Soluciones Creahtivas, entre ellas este blog, mi lista parecía interminable. Mi frustración aumentó cuando recordé que parte del trabajo del teahm dependía de que yo realizara el mío.
Por ejemplo, yo realizo la planeación de los calendarios de contenido, y algunos de ellos los diseñan Moni o Fer, que por cierto les quedan espectaculares ¿o no? Les presento a mis besties de la oficina a las que acompaño todos los días con mis increíbles historias de la vida real:

Cuando yo me atoro con mi trabajo, eso afecta el flujo de trabajo de ellas.
Y así me pasó estos días, entre el estrés de tener todo febrero listo para que se comenzara a diseñar, escribir el blog, editar vídeos, etc., caí en un limbo llamado "no estoy siendo lo suficiente...". Y no, no lo recomiendo.
Bueno, continuando con la historia, resulta que Moni es una "flash", es el mismísimo "rasho macuin" en persona cuando se trata de trabajar, es una cualidad de ella que aplaudimos mucho en nuestro teahm. Hay veces en las que nos saca de onda de una forma impresionante porque de verdad, no les miento, es muy rápida y además tiene un ojo excelente para diseñar.
Por lo mismo de que a mi se me estaba acabando el tiempo para las entregas, Moni me esperaba, y yo estaba de que todo el día a full tratando de sacar todo el trabajo posible sin perder prioridades de entregas.
Mis pensamientos comenzaron a volar a todas direcciones, pensando "no estoy siendo eficiente", "estoy deteniendo todo el trabajo", "¿por qué soy tan mala en lo que hago?". Comenzaba a sentir que yo no era realmente buena en mi trabajo, que no lo estaba haciendo ni siquiera bien, y que si intentaba hacer las cosas bien me demoraba demasiado en ellas, y eso dejaba de ser "hacerlo bien".
Muchas veces ser creativo es muy complicado porque no siempre van a salir ideas, no siempre van a ser tan interesantes como en el mes pasado, o no van a ser tan increíbles como las que funcionaron. Ustedes no me dejarán mentir (porque todos somos creahtivos): ser creativo es un ciclo en el que muchas horas podrás estar cansado, sensible, luego de repente tener una idea, luego unas veinte, y después habrá mucho silencio.
Razones por las que a veces se nos seca el cerebro creativo, es porque estamos saturados de ideas, hemos estado expuestos a muchos estímulos que sobrecargan la digestión de ideas, más de las que podemos procesar; en otras ocasiones es por desconexión emocional, seamos realistas, no siempre estamos al cien, estamos agotados mental y emocional, y por consiguiente nuestra mente prioriza sobrevivir, no crear; la sobre exigencia también es un sinónimo de la presión, aspectos que no nos ayudan a crear 24/7, estos especialmente son vocecitas como la que les conté, que nos encoge y no nos deja fluir.
Estando dentro de mi limbo de presión y exigencia, comencé a llevar mis pensamientos a otro lado, los redireccioné. Si yo seguía de esa forma, el trabajo seguiría así o más atrasado, y por más que yo quisiera ir rápido, yo jamás me he definido por ser la flash en la oficina.
Y no es que sea malo ser rápido en tu trabajo, al contrario, como les platiqué nosotras en la oficina admiramos a Moni por ser así de rápida en la oficina. Fer por ejemplo, es muy detallista, y aunque muchos podrían verlo como algo negativo, nosotras consideramos que es algo genial, porque eso hace que Fer sea minuciosa y le guste entregar trabajos bien hechos al cien por cien.
Que yo no sea la más rápida, o la más detallista de la oficina, no me hace menos importante, ni menos eficiente. Yo soy especial en mi trabajo, por otras cosas importantes, y que otros no tengan esas cualidades mías tampoco los hace menos valiosos.
Cuando dentro de mi proceso me di cuenta que rapidez no era sinónimo de eficiencia, las cosas empezaron a fluir de mejor manera y mejor aún con eso, comencé a valorar las cualidades que ofrezco en mis tareas. Te invito a hacerlo también: cuando dejes de comparar tu trabajo con el de los demás, comenzarás a notar que lo que ofreces también es valioso y aportas mucho al mundo.
La culpa no es una emoción castigadora, es informativa
Este mes también entré a un nuevo semestre de mi carrera en la universidad, y como ya es de los últimos la verdad es que ya es rutina, el proceso de entrada, las clases, hasta la socialización. Pero enero de este año llegó a demostrarme que no es una rutina como yo creía.
Para mí la rutina es una acción que ya hasta haces por inercia, ya no la piensas ni la meditas, ya lo haces en automático y te facilita los procesos del día a día porque ya es algo que haces con normalidad que ya no te cuesta comenzarlo, al menos no como con algo nuevo como lo platicamos en el blog anterior.
Ahora, para entrar a un nuevo semestre en mi universidad, se hacen diversos trámites y acciones para que puedas escoger tu horario, entre estas algunas son la preinscripción y evaluación de docentes del semestre pasado. Una desbloquea a otra, hasta llegar a la parte donde inscribes tus materias en una fecha asignada dentro de una semana.
Resulta que aquí la señorita olvidó por completo preinscribir materias, y adivinen hasta cuándo me acordé. Para el tercer día de la semana de inscripciones, pensé "y a todo esto ¿qué fecha me asignaron?". Pues cómo me iban a asignar fecha si ni preinscribí materias.
La universidad estaba fuera de mis pensamientos durante todas esas semanas antes de entrar, y ¿cómo se me iba a olvidar algo tan importante?
Ahí comenzó la culpa.
Comencé a recordarme la semana de preinscripciones, recordé a uno de mis amigos recordándomelo, recordé a Jessi diciendo "ah sí", pensé en mi ignorando por completo el tema cuando lo sacaban a la conversación, me imaginé a la secretaria de servicios escolares con la mirada más incomoda posible, me la imaginé preguntándome si era en serio mi tontería, me imaginé que estaría pensando que fue una completa irresponsabilidad, me imaginé que perdería el semestre.
¿Se dieron cuenta de los cambios de verbo? Recordé, pensé, imaginé... Imaginé...
Sentí culpa y después comencé a crear escenarios que aún no ocurrían. La culpa me hizo sentir que debía actuar, que debía hacer algo, que debía presentarme en la universidad y pedir ayuda. Mis escenarios eran una cosa aislada de la culpa, los escenarios son una acción y la culpa es mi emoción, los escenarios eran la acción instantánea que estaba teniendo a partir de mi emoción.
El nudo en el pecho que sentía venía con la culpa, venía con la información de que había olvidado por completo la universidad, que eso que era importante para mi había sido abandonado. Pero la culpa también me decía que si tomaba acción, si tomaba las acciones correctas, podía retomar lo abandonado.
La percepción de que la culpa es un castigo emocional para nosotros, no es por la emoción en sí, es por las acciones que decidimos tomar a partir de ella. Es como la ira o el miedo, que son igual emociones válidas, pero que las acciones que tomemos a partir de ellas, determinarán el camino que tomaremos.
Tres razones sencillas para que dejes de ver a tu culpa, como un enemigo:
Ella te indica cuando percibes una grieta entre lo que valoras y lo que haces.
No llega a decirte que "fallaste", te pide que actúes.
Te ayuda a detectar límites y prioridades.
Y lo sé, esta emoción no es placentera, pero es una maestra innegable que cuando veas que se podía, le agradecerás por lo que aprendiste.
Mide tu progreso, valorando el camino
Siempre nos han enseñado que para medir nuestro progreso debe ser por lo que logramos, terminamos o entregamos, pero creo que aunque si es una línea de medición, no es la más justa. Para mí no solo importa el resultado, para mi importa lo que aprendí en el proceso, los pequeños logros dentro del gran logro, las grandes ideas que surgen en el momento más inesperado, y muchos otros.
No abandonar, seguir adelante, ordenar, pensar, reordenar y pausar, compararnos con nuestra versión anterior en lugar de con otros, tomar decisiones incómodas, poner límites, reconocer errores y ajustar expectativas, valorarte sin idealizarte, abrazar y escuchar a tu cansancio, son solo algunos ejemplos de progreso en el camino.
Sé que a veces es difícil tomar en cuenta todos los pasos, porque muchas veces los convertimos en rutina, los convertimos en obligaciones, en cosas que deben ocurrir o aprendemos a hacer que ocurran, que olvidamos por completo celebrarlas. Pero hoy por hoy te digo que tú eres quien hace esa diferencia y puedes hacerla hoy, porque si sientes culpa es un aviso, acuérdate de no castigarte porque no es malo lo que sientes.
Con todo esto te digo querido lector: que no solo aprendas del final, aprende del proceso. No necesitamos correr más rápido o no exigirnos, lo que debemos aprender es a mirarnos diferente.
La próxima vez, en lugar de compararte con alguien más, recuerda que eres especial por ser tú y por las habilidades que ofreces. La próxima vez que sientas culpa, conversa con ella para encontrar acciones que hagan la diferencia. La próxima vez que sientas que estés olvidando aplaudirte por el escalón que subiste, recuerda que gracias a ese escalón subirás al siguiente piso.
Yo, desde aquí te celebro por lo que haces y harás ¿Tú también vas a comenzar a celebrar tu proceso? Te lo mereces.



