Me despidieron
- 15 abr
- 4 min de lectura

Por Jessica Ventura
Hace un par de semanas me despidieron y hoy escribo este blog no solo para contarte esa novedad, también para contarte por qué y lo mucho que me afectó.
Como ya les he contado en blogs anteriores (que si no los has leído, te invito), el 2026 no solo trajo una nueva cuenta de días, también trajo actualizaciones, innovación y descubrimiento en Soluciones Creahtivas, lo que significaba para todas que habría nuevas tareas y nuevos procesos.
Ya imaginarán que esos cambios trajeron a mi forma de trabajo muchas alteraciones, que influyeron en tener que reeducarme en organización y formas de lidiar con la presión.
Además, recientemente mi aspecto de salud emocional no estuvo en su mejor pico, las condiciones y el estado mental que venía manejando no me permitían evolucionar con nuevas ideas y la transformación de mi entorno.
Comencé a sentirme obsoleta, y con una inmensa carga de pensamientos y circunstancias que poco a poco iban llegando, pero no saliendo. Era como una constante llegada de trenes a la estación y como ninguno salía, se saturaban y abarrotaban en los carriles.
Por consiguiente, el rendimiento en mi trabajo estaba viéndose afectado. Tenía tantos pendientes por hacer, que incluso mi jefa me dijo "estás intentando hacer todo, que no haces nada". Y si recuerdan, alguna vez mencioné que una de las características de mi trabajo es que parte del trabajo del resto del teahm creativo, depende del mío, por ejemplo si yo no realizo los calendarios del mes ¿cómo van a hacer el diseño?
Todo comenzó a pasar la semana antes del despido, bueno desde antes pero estaba más marcada esa semana previa. Faltaban dos semanas para el fin de mes, y tenía muchos pendientes, pero máximo lograba acabar un par al día.
Recuerdo bien que el lunes de edición de vídeos, de seis vídeos a editar, edité dos completos y el tercero quedó pendiente. El martes dejé pendiente de acabar el par de calendarios que tenía planeados para ese día. Miércoles, subí una historia interactiva y acabé solo uno de los calendarios del día anterior. Para el jueves acabé el segundo. Y el viernes ni siquiera taché ningún pendiente.
Y adivinen qué...
El sábado temprano mi jefa había enviado mensaje al grupo que una de las cuentas estaba descuadrada, es decir, que algo no se había publicado y que ocasionaba que el feed de la cuenta de Instagram perdiera orden. Cuando vi ese mensaje mi reacción fue tipo: "no puede ser, fui yo".
Comencé a recapitular qué había hecho el lunes, me recordé editando y trabajando pero ¿y programando? Aunque les seré honesta, en ese momento, realmente recordaba que sí los había programado, pero al final caí en cuenta que no.
Para ese momento comencé a comprender que de todos los pendientes que tenía no había hecho nada. Los calendarios del mes siguiente no estaban listos, me faltaban al menos la mitad, incluso hubo retrasos en la publicación del blog, y los reportes de resultados apenas y fueron entregados.
En fin, no había rendimiento.
El siguiente lunes, el de la última semana de mes, era decisivo pero fui despedida antes de siquiera llegar a él.
Resulta que la noche del sábado, me fui a dormir con mi cabeza que reventaba. Me sentía culpable, pasé de pensar "estoy teniendo una mala semana" a "soy un problema". Dudé de mis capacidades y cuestionaba lo que estaba haciendo, sentía que no daba el ancho, y que algo estaba mal conmigo.
Tuve un impacto emocional en el que la ansiedad, presión, y la sensación de pérdida de control, eran personajes en mi representación teatral, llamada trabajo, pero el protagonista de esa noche, fue el miedo.
Soñé que estaba en la oficina con las chicas del teahm creativo, tuve un choque con mi jefa, y me dijo que estaba despedida, que me fuera. En mi sueño, yo no le creí, pero cuando después ella me llama por teléfono para reafirmarlo, se comenzaba a hacer real, el miedo comenzaba a figurar como el principal, yo intentaba todo para hacerla cambiar de opinión. Graciosamente mi estrategia en el sueño era conseguir ropa formal para ir a verla, platicar y hacerla cambiar de opinión.
No me despidieron en la vida real, pero en mi cabeza, yo no merecía mi puesto de trabajo, no merecía mantener esa función que tanto me gustaba, y lo perdía todo.
Confundí el bajo rendimiento con la falta de capacidad, y la saturación con incompetencia; ahí estuvo la distorsión.
Y es que no siempre que baja tu rendimiento es porque eres menos capaz, o porque no eres bueno. A veces es porque estás sosteniendo más de lo que puedes procesar, porque no estás escuchando a tu mente y cuerpo, o porque no externas lo que hay en ti, lo que cargas.
Para el lunes decisivo, platiqué con mi jefa de cómo me sentía.
Sé que cuento con suerte de poder tener esa clase de conversaciones con mi jefa, y asimismo sé que no muchos cuentan con ello. Pero la red de apoyo, y un círculo social que te ayude, es lo que necesitas. Contar con personas a las que puedas hablarles de lo que necesitas sacar antes de que te pase algo, cuando está pasando o cuando ya pasó.
Tuve que aprender que guardarme lo que me pasa no me ayuda en nada. Que aunque intenté todo por separar mi vida personal de mi trabajo, la saturación no busca espacios específicos. La única forma de liberar la estación de tren, es dejando partir los vagones.
Mi jefa me señaló que aunque todo era prioridad, lo que necesitaba en ese momento era sacar al menos una tarea completa. Concluimos que no todo es esfuerzo, no todo se resuelve apretando más y que a veces pausar, priorizar y soltar es la fórmula para avanzar.
No me despidieron, pero yo despedí la idea de que mi valor dependía de lo mucho que pudiera sostener y resistir.
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Así que hoy espero que puedas encontrar la señal que necesitabas, para saber que echarle piedras al costal no es la solución que buscas. Esta es tu señal para hablar, hablar y soltar.



